#LeemosElQuijote: Capítulo IV




Lunes 3 de febrero: Capítulo IV De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

En este capítulo, ya armado caballero, don Quijote decide encaminarse a su hacienda para proveerse bien de todo lo que necesita. Por el camino ve a un labrador pegándole una paliza a su criado por haber perdido una oveja, y don Quijote, creyendo que se le presentaba su primera oportunidad de hacer proezas como caballero, se para a ayudar (o eso cree él) al criado. Conmina al labrador con que pague lo que le debe al criado y le deje en paz, o él mismo le dará su merecido. Acude a las leyes de caballería pues confunde al labrador con un caballero—, para hacerle jurar por estas leyes que obedecerá a don Quijote. El labrado, que nunca ha sido caballero, se lo jura, y don Quijote, creyéndose que ha hecho una buena acción, parte contento a su hacienda. Ni que decir tiene que el labrador, en cuanto nuestro protagonista desaparece, vuelve a arremeter contra su criado.
La segunda parte de este capítulo se da en un cruce de cuatro caminos en el que Quijote se para a recrear los cruces de caminos de los caballeros andantes de sus libros. En esto está cuando divisa a lo lejos a un grupo de mercaderes que él vuelve a confundir con caballeros—, y les da el alto diciendo que no les dejará pasar a no ser que juren que no hay mujer más bella que su Dulcinea del Toboso. Los hombres le discuten que sin verla no pueden juzgar si es la más bella o no, contestación que Quijote se toma como una verdadera ofensa a su dama; para salvaguardar su honor se dispone a pelear con los mercaderes, pero tropieza Rocinante y don Quijote cae al suelo, así que los mercaderes aprovechan para pegarle una buena paliza. El capítulo nos deja con un don Quijote magullado pensando que esas situaciones también son vivencias de los caballeros andantes.
En este capítulo comenzamos a ver más claramente que la locura persigue a nuestro protagonista allá por donde va. Todo lo que él ve y siente es producto de su locura confundir labradores y mercaderes con caballeros, ventas con castillos…—. Todo es producto de su imaginación, y sólo atisbamos la realidad a través de los otros personajes que van apareciendo en su camino.
Destaco, como siempre, que don Quijote cambia la fabla cortesana en sus delirios con Dulcinea, mientras que en el resto de situaciones mantiene un habla medieval (el de la época), pero normal; es decir, habla como los caballeros andantes, pero de la misma manera que todos los personajes —¿por qué haría esto Cervantes? Yo creo que puede deberse a que Alonso Quijano (nuestro don Quijote) tiene en su haber varios registros de la lengua, por eso puede usar uno u otro a su antojo. Es mi teoría… no he tenido el honor de consultarle al profesor Rico su opinión :P—.
Y esto es todo esta semana… ¡la que viene más!

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