#LeemosElQuijote: Capítulo III



27 de enero: Capítulo III Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero




En este capítulo Cervantes nos cuenta cómo Don Quijote es armado caballero y el altercado que tiene lugar en la venta cuando el caballero está velando las armas.

Cuando acaban de cenar, Don Quijote le pide el favor al ventero de que le arme caballero, y el ventero, ya seguro de la locura del hidalgo, accede con la idea de tener más por lo que reírse. Le pregunta si lleva dinero,  a lo que Don Quijote responde que no porque en las historias nunca había leído que los caballeros andantes llevaran. El ventero comienza entonces a darle varios ejemplos de que, aunque no se mencionen en las historias, los caballeros andantes sí llevan dinero, al igual que ungüentos para curar sus heridas, y otros útiles en caso de no tener escudero.

He supuesto que esta pregunta (la del dinero) la hace porque tiene intención de cobrarle por armarle caballero. Llegados a este punto, hemos de recordar que las parodias del siglo XVI no eran iguales que las de ahora; en ese siglo, lo gracioso era reírse de la propia persona, ahora ese tipo de gracias las vemos crueles porque nuestro pensamiento es el de que se están aprovechando de una persona débil, o más débil que nosotros.

Volviendo al capítulo, en cuanto el ventero accede a armarle caballero, don Quijote se marcha para prepararlo todo para la vela de sus armas, y el ventero aprovecha para contarles a todos la locura de su huésped. Uno de los que oyen al ventero, decide que quiere darle de beber a sus mulas, y quita las armas de la pila sin pedir permiso. Don Quijote arremete con su lanza y le deja tumbado de un golpe, al igual que hace con otro personaje que hace lo mismo. El ventero, para evitar más trifulcas, decide armar caballero cuanto antes a nuestro protagonista, que accede con gusto deseoso de partir en busca de aventuras.

Voy a hacer mención ahora de la edición que me estoy leyendo, que es la del gran Francisco Rico. Gracias a sus anotaciones estoy teniendo una nueva perspectiva que antes no había podido contemplar yo sola (porque no tengo, ni de lejos, los conocimientos necesarios). Por poner un ejemplo, nunca había reparado en que Don Quijote cambia de estilo al dirigirse indirectamente a su amada Dulcinea. Noté un cambio, pero no lo achaqué a que fuera por eso, hasta que leí lo que Rico decía: «Don Quijote usa un lenguaje que quiere sonar a castellano medieval (nota 20 de la edición de Punto de lectura)» o «Tanto en este parlamento como en los siguientes, don Quijote vuelve a servirse de la arcaizante que a él le suena a la lengua de la Edad Media, época dorada de la caballería, y al estilo de los libros que lo han trastornado […]».

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